Nunca es suficiente

Nunca es suficiente

Hace un par de semanas tenía cita con mi hijo pequeño en el médico. Solo tenían que hacerle un estudio de los pulmones porque cada invierno, después de su neumonía en el 2019, le da bronquitis…y este invierno no fue la excepción…
Y así fue que me enteré que sospechan que tiene asma…pero eso lo sabremos con exactitud los próximos meses…

Cuando estábamos por irnos del consultorio el médico me muestra su curva de crecimiento y me dice:

– Su hijo está muy por encima del peso que debería de tener…

– ¿Ah si?, le respondo.

– Sí, tiene 7 kg de más!, casi adipositas…

– ¿¿¿Adipositas??!!! Pero yo no veo que esté tan gordo, le dije. No está hecho un palo, pero tampoco que tenga adipositas. Acabamos de llegar de la casa de mis suegros después de las fiestas y estuvo más de un mes enfermo y casi sin moverse en casa, es normal que haya subido algo de peso, agregué.

En eso el médico se acerca a mi hijo, le levanta el t-shirt y me muestra su panza….y aunque tenía la mascarilla puesta pude ver que no estaba para nada de acuerdo con mi respuesta…

– Tiene que cuidarlo ahora, sino cuando sea adulto ya no podrá bajar de peso!!, me dijo insistente.

– ¿Cóoooomo que no podrá bajar de peso?!!! Claro que podrá! (cuando dijo eso mi parte Coach se puso como una fiera y solo pensé: “mi hijo creerá no solo que está gordo sino que además si no baja de peso ahora no lo podrá hacer nunca más”, no podía dejar eso así…)

– Yo solo se lo digo, me responde. No tienes que ponerte a dieta, solo hacer ejercicio, le dice a mi hijo.

– ¿Qué es dieta?, le pregunta mi hijo al médico.

– Nada que tengas que saber ahora, le contesto yo. No le hagas caso a nada de lo que acaba de decir el médico, vos estás bien así como estás.

Salí de ahí por un lado enfadada y por otro agradecida. Agradecida porque pude responderle a cada una de las cosas que me dijo. Seguramente hace 20 años atrás, con el nivel de alemán que tenía si bien hubiese entendido lo que me decía, no hubiese podido responderle como yo quería. Pero esta vez pude.
Los adultos muchas veces sobreestimamos el impacto que pueden tener nuestras palabras en la vida de una persona durante su infancia y más aún, si estas palabras vienen de alguien con bata blanca.

Por otro lado estaba muy enfadada porque yo misma pasé por una situación similar a los 12 años.
Mi madre me llevó al médico a un control habitual y el médico le dijo que estaba pasada de peso y me tenía que llevar a un dietista.
Mi madre hizo lo que consideraba mejor para mi en ese momento y se lo agradezco, lo que no me gustaba era la forma en que el médico me trataba cada vez que no bajaba de peso. Me gritaba y yo por miedo a su reacción intentaba no salirme de la dieta, vivía en un miedo constante a ser humillada por no bajar unos gramos cada vez que me subía a la balanza “indeseable”.
Hasta hace no muchos años la balanza lograba determinar ya desde muy temprano en la mañana cuál sería mi humor el resto del día…por eso desde ya un tiempo dejé de pesarme (claramente con sus lógicas consecuencias).

Salí tan enojada de ese consultorio que recién cuando estaba comprando en el supermercado me di cuenta de que me había olvidado de la bufanda allí.
Mientras estábamos pagando la cajera me mira y me dice:

– ¿Hace tiempo que no la veo por aquí, está embarazada?

– ..no….eso ya pasó hace un tiempo, le dije… (y me reí como si me hubiese contado un chiste…pero en realidad tenía muchas ganas de llorar. Qué manía que tenemos de opinar sobre los cuerpos de otros, cada persona es un mundo, no sabemos si esa persona sufre de ansiedad o depresión, si está tomando medicamentos o cualquier otra cosa…)

– No!! ella ya con dos tiene bastante, le responde mi hijo de 7 años….el cual ya varias veces me ha escuchado decir eso cuando me ha pedido un hermanito 😉

En ese momento cuando la cajera me hizo esa pregunta pensé: “seguramente ella se debe de estar sintiendo mucho peor de lo que me siento yo por su comentario”. Pero la verdad es que yo me sentí fatal. Me sentí avergonzada y humillada, igual que cuando era adolescente y un día un chico, que había conocido a través de un intercambio de cartas, vino a mi casa a conocerme y me dijo que parecía que tenía piernas de futbolista. Está de más decir que nunca más lo volví a ver.
Si miro hacia atrás no recuerdo que a esa edad estuviera realmente gorda…pero si habrán impactado esas palabras en mí que hasta el día de hoy recuerdo en qué lugar me lo dijo y hasta lo que yo llevaba puesto. Hubiese faltado la canción sonando de fondo y hubiese sido un anclaje en toda regla.

Y ese no fue el único momento en el que sentí que mi cuerpo no era el adecuado, que la gente me evaluaba según el tamaño de mi cuerpo. Lo viví con gente cercana y es algo que hasta el día de hoy llevo grabado a fuego en mi. NUNCA FUI LO SUFICIENTEMENTE DELGADA, siempre me comparaba con mi madre, con mi hermana, con mi tía, con mis amigas… o quien fuese…

Nunca es suficiente…

Ese día no fue la primera vez que me dijeron que parecía estar embarazada…
En el último tiempo han sido ya 3 veces. Dos veces en el supermercado y otra vez llega mi hijo de la escuela y me dice que su amigo le comentó que yo estaba embarazada. No sabía si reir o llorar. Le pregunté de dónde había sacado semejante barbaridad y me dijo que la mamá de su amigo se lo había dicho. En fin…me faltan palabras para comentar este suceso…

Desde hace media hora estoy meta teclear para que no se me escape nada de lo que siento y pienso en estos momentos…siento una gran energía recorriendo mi cuerpo… queriendo salir… pero no sabe para dónde…creo que la mejor forma que he encontrado es escribir y contártelo todo porque siento que sino me voy a ahogar…esperando así que en un rato el enfado disminuya, sin llegar a atacar mi heladera…

No es mi intención justificarme…

Durante la pandemia comí de más, estaba con un estrés bestialmente elevado….en ese tiempo también intenté pasar de las dietas restrictivas al comer intuitivo (lo cual no ha tenido mucho éxito por lo menos hasta ahora)…además desde el año pasado he tenido problemas de salud lo cual no me ha permitido hacer deporte (y con deporte me refiero simplemente a salir a caminar)…

La culpa, el enfado, la decepción y la tristeza que siento por no haber podido hacer las cosas mejor en su momento son grandes. Pero he aprendido que las emociones son señales de acción, que nos traen mensajes y que si les presto atención y las identifico puedo intentar gestionarlas con las herramientas que he adquirido. No siempre me sale, soy humana, pero sé que es cuestión de práctica.

Hace ya un par de horas que he llegado a casa… el corazón me sigue latiendo fuerte y pienso mil cosas a la vez..
Me pregunto qué huella habrán dejado los comentarios de ese médico en mi hijo….Me cuestiono si podría haber hecho las cosas de otra forma…si el médico tiene razón y la equivocada soy yo… si lo que sucede es que no estoy haciendo las cosas lo suficientemente bien como madre
Preguntas que al final solo me llevan a la culpa, a la tristeza y al enfado nuevamente…Por suerte con la intervención estratégica he aprendido a identificar estas preguntas y sustituirlas por otras que me lleven a otro estado emocional.
¿Has tenido alguna vez la sensanción de no ser lo suficientemente buena madre? O suficientemente buena hija/ trabajadora?
Si esa así, escríbeme porfa en los comentarios de este post me encantaría leerte 🙂

Acutalización:

Unas semanas después….

Mi hijo me estaba contando que habían jugado a algo en la escuela y por un lado estaban los niños más delgados y por otro los más “robustos” y él se clasificó en este último grupo. Entonces le pregunté, ¿por qué lo hiciste? ¿Quién te dijo que tenías que ponerte en ese grupo?

– Yo mamá

– ¿Y por qué lo hiciste?

– Porque el médico me dijo que estoy gordo 🙁

No pueden imaginar la rabia que sentí en ese momento

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