Antes de pasar a hablar del tema central de este artículo, las expectativas que traemos cuando emigramos a Alemania, quisiera contarte una experiencia que viví en el último tiempo…
Hace 2 años y medio empecé un tratamiento para alinearme los dientes con Invisalign y me dijeron que iba a durar 7 meses. La empresa me envió una simulación con el antes y el después, y yo me lo creí. Pensé que si hacía todo como me pedían, ese resultado iba a llegar en el tiempo que me habían dicho…
La verdad es que hice las cosas bastante bien, no perfectas, pero bastante bien. Y cuando llegó la fecha de finalización del tratamiento todavía faltaba bastante para que un diente se enderezara 🙁
Recuerdo perfectamente la frustración que sentí en ese momento, porque justo estaba empezando otro proceso importante en otra área de mi vida y en lugar de poder poner energía ahí, me quedé atrapada en el duelo de esa expectativa que no se había cumplido.
En ese momento me sentí muy desmotivada y me culpé por no haber sabido gestionar mejor el proceso que había comenzado.
Lo curioso es que esa expectativa ni siquiera era realmente mía. Yo no sabía cuánto podía durar un tratamiento así. Simplemente compré lo que me dijeron y asumí que el resultado llegaría en ese plazo.
Cuando la realidad no encajó con lo que me habían prometido, me frustré muchísimo! pero mucho de verdad, a tal punto que como te conté me bloqueé y no fui capaz de comenzar con el otro proceso…
Hoy llevo ya 2 años y medio con el tratamiento y todavía me quedan unos meses…
La empresa fue comprada por otra, hubo varias pausas en el proceso, tuve que insistir durante bastante tiempo para que retomaran el tratamiento y ahora parece que estoy entrando en el último tramo. Bendito sea Dios!
¿Podría haberlo dejado?
Sí podría…pero cuando empecé a considerar hacerme el tratamiento me dije a mi misma, que no sabía los años que iba a vivir pero los que me quedaban quería tener una sonrisa con la que me sintiera bien y no quería arrepentirme más adelante de no haberlo intentado.
Esta experiencia me hizo reflexionar sobre algo que veo constantemente en mis sesiones de coaching con mujeres que emigraron a Alemania.
Con frecuencia creen que el problema es el idioma, la cultura o incluso su propia capacidad para adaptarse al nuevo país.
Pero si vamos un poco más a fondo podemos darnos cuenta de que lo que realmente pesa son las expectativas con las que llegaron.
Antes de emigrar es fácil imaginar que, con un poco de tiempo, todo irá encajando, aprenderemos el idioma, nos integraremos, encontraremos amigas, tendremos trabajo y poco a poco construiremos una vida parecida a la que teníamos en nuestro país.
Pero poco a poco nos vamos dando cuenta que lamentablemente la realidad no es como en nuestra imaginación…
Cada una de esas cosas, el idioma, la integración, las relaciones sociales y el trabajo, tiene su propio ritmo. Y en muchos casos ese ritmo es bastante más lento del que habíamos imaginado.
Y cuando la realidad no coincide con esa imagen que teníamos en la cabeza, aparece mucha frustración, inseguridad y dudas sobre nosotras mismas.
En ese momento muchas mujeres empiezan a compararse.
“Ella llegó después que yo y ya habla mejor alemán”
“Ella ya tiene amigas y yo todavía me siento sola”
“Todo el mundo parece estar integrado menos yo”
“Algo debo estar haciendo mal”
Ese tipo de pensamientos no aparecen de la nada, están escondidos detrás de los “debería” que llevamos dentro.
Cuando una mujer en una sesión de coaching dice “llevo ya 6 años en Alemania y todavía no hablo alemán perfecto”, en el fondo suele haber una expectativa implícita => ya debería hablar alemán perfecto.
Esos “debería” funcionan como una especie de vara con la que empezamos a medir nuestra vida aquí.
Y nunca nos detenemos a preguntarnos de dónde salió esa regla, quién la puso ahí o si realmente tiene sentido para nuestra situación actual.
Cuando las cosas no salen en el tiempo que nos habíamos imaginado empezamos a sentirnos estancadas, incluso cuando en realidad hemos avanzado bastante más de lo que creíamos.
El autor James Clear en su libro Hábitos Atómicos, habla de algo llamado el valle de la decepción.
Según explica el autor, cuando empezamos algo nuevo solemos imaginar que los resultados aparecerán relativamente rápido (mira el gráfico). Sin embargo, durante un tiempo seguimos esforzándonos sin ver todavía cambios claros, lo que genera la sensación de que todo ese esfuerzo no está dando resultado. Y nos frustramos.
Como ves por un lado está la línea de lo que imaginábamos antes de llegar a Alemania, aprender el idioma, integrarnos, hacer amistades, encontrar trabajo, sentir que poco a poco vamos construyendo nuestro lugar.
Y la otra línea muestra algo más parecido a lo que realmente ocurre. Hay momentos de avance, otros de estancamiento y también algunos en los que parece que por más que nos esforzamos no avanzamos…
Esos momentos en los que no avanzamos el autor del libro los llama «los valles de la decepción» y aparecen cuando la realidad no coincide con las expectativas con las que llegamos.
Cuando nos encontramos en el valle de la decepción podemos llegar a pensar que hay algo mal en nosotras que no somos suficientemente constantes, que no estamos haciendo lo correcto o que simplemente no somos capaces.
Esas ideas empiezan a influir en nuestras decisiones y ellas en nuestros resultados.
Una persona que cree que no es capaz empieza a evitar ciertas situaciones. Al evitar esas situaciones, la sensación de incapacidad se refuerza, y el círculo se vuelve cada vez más difícil de romper.
Por eso digo y me repito, el problema no suele ser Alemania, aunque lo parezca.
La dificultad suele estar en la historia que empezamos a contarnos sobre lo que debería estar pasando y sobre lo que significa que todavía no esté pasando.
Emigrar implica reconstruir muchas áreas de la vida al mismo tiempo, el idioma, el entorno social, el trabajo, la forma de relacionarnos con los demás e incluso la manera en que nos vemos a nosotras mismas.
Todo eso necesita tiempo.
Mucho más tiempo del que solemos imaginar cuando todavía estamos en nuestro país de origen.
Si hace tiempo sientes que el alemán, la integración o tu vida en Alemania se han convertido en una fuente constante de frustración y sospechas que detrás hay expectativas y creencias que te están frenando más de lo que te ayudan, agenda una sesión de valoración gratuita de 15 minutos conmigo y vemos si puedo acompañarte en tu proceso actual.
