Estas son algunas de las frases que más escucho en mis sesiones de coaching…“Quiero hablar alemán fluido, “quiero hablar alemán perfecto” y casi siempre vienen cargadas de muchísima frustración, vergüenza y de una sensación incómoda de estar haciendo algo mal.
Hace unos días hablé con una mujer que me decía exactamente eso, que quería hablar alemán fluido, que se sentía aislada porque no tenía a nadie con quién hablar alemán y que tenía miedo de ser juzgada cuando intentaba hacerlo…
Mientras la escuchaba sentía toda su frustración y desesperación, la misma que yo también sentí cuando llegué a Alemania en 2003, sin entender ni papa de alemán y sintiéndome continuamente fuera de lugar.
Mientras conversábamos le pregunté qué nivel de alemán tenía y me dijo un A1.
Y en ese momento la conversación cambió por completo. Porque, desde mi punto de vista, no es lo mismo estar recién empezando y tener un nivel A1 de alemán que haber hecho ya varios cursos y estar en un B1 o B2.
Si tienes un B1 o B2, ya cuentas con una base sólida de gramática y vocabulario, puedes formar frases, entiendes bastante y aun así obviamente puedes quedarte en blanco cuando te toca hablar alemán. Pero si todavía estás construyendo las bases del idioma y esperas hablar con fluidez, eso simplemente no es realista.
Y aquí es donde quiero que te detengas un momento y me leas con atención, porque muchas veces mezclamos dos cosas y eso solo aumenta nuestra frustración.
No es los mismo que te falte conocimiento, a que lo tengas pero te paralice el miedo al juicio, la vergüenza o la presión interna de hacerlo perfecto.
No te encuentras en la misma fase.
Si estás en un nivel A1/A2 de alemán y sientes miedo al hablar, es absolutamente normal porque simplemente todavía no tienes suficientes herramientas.
Si un carpintero no tuviera una sierra y tuviera que cortar la madera con las manos, estoy segura de que también tendría miedo de hacerlo mal y de que lo juzgaran. No porque sea inseguro, sino porque le falta la herramienta para hacer su trabajo.
Y a veces creo que eres ese carpintero que va por la vida sin la sierra pensando que cortará madera a lo Karate Kid. ¿Lo ves?
Te estás juzgando dura e injustamente por no hablar fluido alemán cuando todavía estás construyendo la base del idioma y eso no tiene nada que ver ni con tu inteligencia ni con tu valor como persona.
Estás queriendo pasar de 0 a 100 y eso no es posible=>> de esto te hablo en este otro artículo
En mi opinión, en ese caso todavía no se trata de trabajar el miedo. Se trata de estudiar, de ampliar tu vocabulario, de entender bien las estructuras y de practicar lo básico sin la presión constante de sonar perfecta.
Porque la fluidez no aparece de la nada, aparece cuando tienes una base sólida, cuando ese vocabulario que hoy es pasivo empieza a activarse poco a poco en cada conversación que tienes en tu día a día.
Te cuento algo de mi historia…
Cuando llegué en 2003 a Alemania me centré durante un año entero en aprender el idioma (aún no tenía hijos y eso fue una gran ventaja), asistía 4 horas por día a clase, luego llegaba a casa y seguía estudiando.
Y aun así cuando llegué al nivel más alto que existía en ese momento, el TestDaF, no sentía que hablaba fluido.
Eso llegó mucho después con los años, practicando, leyendo, viendo series, trabajando, formándome, equivocándome una y otra vez…
Hasta que el idioma dejó de ser una barrera y comenzó a hacer un compañero de viaje…
Eso es lo que deseo de todo corazón para ti también, que en algún momento el alemán deje de ser una cuenta pendiente y sea algo que camina a tu lado y en lo que sabes que puedes seguir mejorando día a día…
Para mí es como cocinar. Seguramente ya sabes hacerlo, pero cada vez que entras a la cocina mejoras un poco más, ajustas las cantidades, eliges mejor los ingredientes, calculas los tiempos y todo te sale más natural y más rápido. Y aun así, podrías seguir aprendiendo y mejorando toda la vida.
Con el alemán pasa lo mismo. No existe un cartel que diga: “Aquí ya se habla perfecto” o “Aquí ya llegaste a la fluidez”. No es un destino final al que un día aterrizas y listo. Además, ¿cómo lo medirías?
Por eso, antes de obsesionarte con hablar fluido o perfecto, quiero que te hagas una pregunta: ¿qué significa para ti hablar alemán fluido?
Porque muchas veces estás persiguiendo una idea que ni siquiera definiste. Te estás exigiendo algo que no es realista en la etapa en la que estás. Como si hablar fluido significara no cometer errores, no tener acento o sonar como una alemana nativa.
Y quizá lo único que realmente necesitas ahora es poder comunicarte sin sentir que en cada frase te estás jugando tu valor como persona, como si cualquier error fuera una prueba de que no eres suficiente o como si en cualquier momento fueras a desmayarte del miedo.
Ahora bien, si ya tienes un B1 o B2, entiendes bastante y sabes formar frases, pero cuando llega el momento de hablar te sudan las manos y te quedas en blanco, entonces estamos hablando de otra cosa.
Ahí ya no es falta de conocimiento. Muy probablemente sea un tema emocional, porque lo que te está faltando no es gramática, sino seguridad interna para usar lo que ya sabes sin sentir que te van a juzgar por cada error.
Otra cosa que te recomiendo es que, si sientes que no tienes con quién hablar, busques de manera consciente una actividad fuera de casa que te permita practicar y conocer gente nueva.
Porque si las condiciones no están dadas donde vives, tienes que crear nuevas condiciones. Un curso, un grupo, una actividad que te saque del aislamiento y te exponga al idioma de forma real.
El alemán no va a mejorar por obra y gracia del Espíritu Santo. Mejora cuando lo usas, cuando lo incorporas en tu día a día y cuando dejas de evitar las situaciones incómodas.
También es muy importante que observes cómo aprendes, porque no siempre se trata de pasar más horas delante de un libro, sino de encontrar una forma que encaje contigo.
Hace unos días acompañé a mi hijo de 15 años a comprarse ropa y antes de salir me dijo que tenía que estudiar vocabulario para un test de español.
Cuando le comenté que hacía mucho frío para ir con una hoja en la mano, me respondió que lo grabaría y lo escucharía por el camino. Y eso hizo.
Esa escena tan simple me recordó que cada persona tiene su propio estilo de aprendizaje y que a veces no necesitas más disciplina, sino conocerte mejor y adaptarte a tu forma de aprender.
Lo que quiero que te lleves de aquí es esto: no te castigues por no hablar fluido si todavía estás construyendo la base del idioma.
Y tampoco uses la falta de base como excusa si en realidad lo que te paraliza es el miedo y sigues apuntándote a más cursos sin enfrentarte a hablar.
Son cosas distintas y requieren trabajos distintos.
Si estás en un B1 o B2 y sientes que, aun teniendo conocimientos, algo te bloquea cuando tienes que hablar, eso sí lo podemos trabajar juntas.
He acompañado a decenas de mujeres que sabían alemán, pero no se atrevían a usarlo porque el miedo al juicio y la autoexigencia las paralizaban.
Cuando trabajamos ese miedo, su sistema nervioso deja de estar en alerta, aumenta la concentración y empiezan a hablar desde otro lugar.
No porque sepan más, sino porque dejan de pelearse consigo mismas cada vez que abren la boca y se permiten usar lo que ya tienen.
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