Puede que esta pregunta lleve tiempo rondando tu cabeza:
¿Vuelvo a trabajar o me quedo en casa con mis hijos un poco más?
Quizá durante años esta decisión estuvo clara para ti. Cuando nacieron tus hijos sentiste que lo mejor era estar con ellos y durante un tiempo eso te dio tranquilidad.
Pero últimamente algo dentro de ti empezó a cambiar y comenzaron las dudas…
Tal vez apareció la posibilidad de volver a trabajar, de estudiar algo, de empezar algo propio o simplemente la sensación de que hay una parte de ti que también necesita espacio.
Y en lugar de quizá sentirte ilusionada aparece la duda, la culpa, el miedo y la confusión. Y te preguntas:
¿Y si después me arrepiento?
¿Y si mis hijos todavía me necesitan demasiado?
¿Y si ya soy demasiado vieja para empezar otra vez?
Cuando estás tan confundida es normal que busques respuestas afuera.
Le preguntas a una amiga, a tu pareja o incluso escribiste en algún grupo algo como:
¿Tú qué harías en mi lugar? ¿Debo seguir aplazándolo? ¿No será egoísta empezar a trabajar ahora? 🙁
Pero muy en el fondo sabes que naaaadie puede responder esa pregunta por ti.
Porque nadie vive tu vida, nadie conoce tu historia ni sabe qué pasa dentro de ti cuando imaginas tomar una decisión u otra.
Muchas veces el conflicto tiene que ver con tus valores
Algo que muchas mujeres descubren cuando hablamos de este tema en mis sesiones de coaching es que el conflicto suele tener que ver con sus valores.
Antes de tener hijos quizá para ti era muy importante crecer profesionalmente, tener independencia económica, formarte o sentirte realizada con tu trabajo.
Y luego llegaron los hijos y la familia pasa a ocupar el primer lugar.
Eso es completamente natural.
El problema es que muchas veces no nos detenemos a revisar qué ha cambiado dentro de nosotras.
Sigues intentando tomar decisiones con el mismo mapa de valores que tenías antes de ser madre, cuando en realidad tu vida ahora es muy diferente.
Entonces aparece una sensación rara.
Si trabajas, sientes culpa.
Si te quedas en casa, sientes que una parte de ti se está quedando atrás.
Muchas veces no es que tus valores hayan cambiado completamente, sino que ha cambiado su jerarquía.
Y cuando no tienes claro qué es lo más importante para ti en este momento de tu vida, cualquier decisión se vuelve mucho más difícil.
Factores que pesan al tomar la decisión
Además de lo emocional, hay muchas cosas muy reales que pueden estar influyendo en tu decisión.
Por ejemplo, la falta de ayuda.
Si vives en Alemania lejos de tu familia sabes perfectamente lo que significa organizar todo sin una red familiar cerca.
No hay abuelos que puedan recoger a los niños si se enferman, ni alguien que pueda quedarse con ellos una tarde si surge un imprevisto.
Cuando todo depende únicamente de ti y de tu pareja, la logística diaria puede volverse realmente agotadora.
También puede que estés haciendo números.
Dependiendo del Bundesland donde vivas, la Kita puede ser gratuita o bastante cara.
Quizá has pensado algo como esto:
“Si vuelvo a trabajar voy a ganar mil o mil doscientos euros… pero una gran parte se va a ir en pagar la guardería.”
Y entonces aparece una pregunta muy lógica:
¿Vale la pena reorganizar toda la vida familiar para ganar solo una pequeña diferencia económica?
Otra cosa que también puede preocuparte es cómo cambiaría la dinámica en casa.
Sabes que si empiezas a trabajar algo inevitablemente va a cambiar: las tareas tendrán que repartirse de otra manera, la organización será más exigente y quizá aparezcan tensiones que antes no existían.
Y aunque no siempre se diga en voz alta, muchas mujeres evitan dar ese paso porque temen que eso genere más conflictos dentro de la pareja.
El miedo a perder momentos con tus hijos
Pero hay algo que muchas veces pesa todavía más.
Sé que temes que si vuelves a trabajar te puedas perder momentos importantes de la infancia de tus hijos.
Que quizá no estarás cuando te necesiten.
Que tal vez algún día mires atrás y sientas que te perdiste algo que no vuelve.
Y como no quieres sentirte una mala madre, una parte de ti prefiere sacrificarse y dejar en pausa tu desarrollo profesional para evitar ese dolor.
Pero que tengas ese miedo no significa necesariamente que eso vaya a ocurrir.
Muchísimas madres trabajan mientras sus hijos están en la escuela o en la guardería y siguen teniendo una relación cercana y fuerte con ellos.
A veces lo que más pesa no es lo que realmente pasará, sino la historia que nuestra mente nos cuenta sobre lo que podría pasar.
Otro miedo que muchas veces aparece
También puede que haya otro miedo que no siempre se reconoce tan fácilmente.
Quizá llevas varios años fuera del mundo laboral y una parte de ti se pregunta si realmente serías capaz de volver.
Puede que pienses que lo que estudiaste ya está obsoleto, que tu experiencia ya no sirve o que después de tanto tiempo en casa sería muy difícil volver a empezar.
Y si además todo tiene que ser en alemán, ese miedo puede hacerse todavía más grande.
Quizá incluso te preguntas si serías capaz de pasar una entrevista de trabajo o de cumplir con lo que te pidan en un puesto.
Cuando ese miedo aparece es muy fácil que tu mente encuentre razones aparentemente más “lógicas” para quedarse como estás.
A veces creemos que la decisión de no trabajar tiene que ver solo con los hijos, cuando en realidad también puede haber miedo a no estar a la altura después de tanto tiempo.
Pero también hay otra parte dentro de ti
Al mismo tiempo puede que haya otra parte dentro de ti que también esté intentando hacerse escuchar.
Una parte que quiere volver a sentirse parte del mundo adulto, tener conversaciones con otras personas, ampliar su círculo social o practicar el idioma alemán en contextos reales.
También puede haber una necesidad de sentir que estás aportando económicamente al proyecto familiar y que no todo depende del sueldo de tu pareja.
Y más allá del dinero, puede haber algo todavía más profundo: el deseo de seguir creciendo, aprendiendo cosas nuevas o desarrollando una parte de ti que no tiene que ver solamente con ser madre.
Y eso no significa querer menos a tus hijos.
Significa que además de madre también eres mujer, persona y profesional… y que todas esas partes tuyas también necesitan tener espacio.
Te cuento algo personal
Cuando pienso en esta decisión muchas veces me acuerdo de mi madre.
Mi padre trabajaba toda la semana fuera de la ciudad, así que en casa éramos mi madre, mi abuela, mi hermana y yo.
Mi madre no salía a trabajar fuera de casa, pero siempre encontraba formas de generar su propio dinero desde casa mientras seguía estando presente para nosotros por las tardes.
Yo crecí viendo ese modelo.
Vi que una mujer podía aportar económicamente y al mismo tiempo estar para sus hijos.
Quizá por eso, cuando años más tarde tuve que organizar mi propia vida como madre en Alemania, siempre tuve muy presente que no todo tiene que ser blanco o negro.
Cuando nos mudamos de Stuttgart a Hamburgo en 2008 empecé a trabajar en una empresa en el puerto de Hamburgo.
Estuve allí algunos años hasta que quedé embarazada de mi hijo mayor.
Después de su nacimiento me tomé algo más de un año de Elternzeit y cuando regresé volví a la empresa trabajando media jornada.
En 2014 quedé embarazada de mi segundo hijo y volví a tomarme Elternzeit.
En esa época ya había empezado a escribir en mi blog HispaMamis, y poco después nació también la comunidad en Facebook.
Durante ese tiempo de pausa comencé un proceso muy profundo de introspección personal que terminó llevándome al mundo del coaching.
Cuando terminó mi Elternzeit ya tenía mis primeras clientas y tuve que tomar una decisión importante: volver a la empresa o apostar por ese nuevo camino.
La presión que me puse fue tan grande que con el tiempo terminó pasando factura y en 2018 caí en un burnout.
Con los años entendí algo muy importante.
Muchas veces creemos que solo existen dos opciones: trabajar o quedarse en casa.
Pero la realidad suele ser mucho más flexible que eso.
Hay madres que trabajan media jornada, otras que comienzan algo propio poco a poco y otras que cambian de equilibrio según la etapa de la vida en la que se encuentran.
En mi caso, por ejemplo, siempre fue muy importante poder estar para mis hijos por las tardes.
Ahora que son más grandes muchas veces están en su mundo, pero yo sigo estando ahí.
Ese fue el equilibrio que elegí en esta etapa de mi vida.
Todo esto se puede trabajar
Si estás en este momento de duda quiero que sepas algo importante.
Todas estas cosas que están pasando dentro de ti se pueden trabajar.
En las sesiones de coaching muchas veces empezamos aclarando cuáles son tus valores ahora mismo y qué lugar ocupa cada cosa en esta etapa de tu vida.
También podemos trabajar los miedos que aparecen cuando piensas en volver al mundo laboral, tanto los que ya reconoces como los que todavía están más escondidos.
Muchas veces aparecen creencias muy profundas que influyen en la decisión sin que te des cuenta.
Creencias como que una buena madre debería estar siempre disponible, que trabajar significa abandonar a los hijos o que después de tantos años fuera del mundo laboral ya no serás capaz de volver.
Todo eso se puede mirar con calma, cuestionar y transformar.
Y cuando empiezas a ver con más claridad lo que realmente está pasando dentro de ti, la decisión empieza a sentirse mucho más ligera.
Si ahora mismo estás en ese momento de duda y sientes que necesitas ordenar todo lo que pasa por tu cabeza para poder decidir con más claridad y menos culpa, reserva una sesión de valoración gratuita de 15 minutos conmigo.
