Hace un tiempo, tuve una experiencia que me llevó a reflexionar profundamente sobre una creencia que ha estado presente en mi vida y en la de muchas mujeres: la idea de que nunca somos suficientes.
Todo comenzó con una cita médica para mi hijo menor. Después de una serie de estudios, el médico nos mencionó que sospechaban que mi hijo podría tener asma. Pero eso no fue lo más impactante. Antes de despedirnos, me mostró su curva de crecimiento y me dijo algo que me dejó sin palabras:
– Su hijo está muy por encima del peso que debería tener… tiene casi adipositas…
Aunque intenté explicar la situación —que había estado enfermo y había pasado las fiestas en casa de los abuelos—, el médico insistió:
– Tiene que cuidarlo ahora, porque de adulto ya no podrá mejorar su salud.
En ese momento, mi instinto de madre y coach se activó de inmediato. No podía permitir que mi hijo creciera con la creencia de que su cuerpo lo definiría o que algo en él estaba «mal» de forma irreversible. Salimos del consultorio y, aunque agradecí poder expresarme con fluidez en alemán, cosa que no hubiese podido hacer hace 20 años cuando llegué a Alemania, sentía un torbellino de emociones.
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Una tarde, mi hijo me contó que en la escuela habían hecho grupos según el peso, y él se clasificó como «robusto». Le pregunté por qué lo hizo. Su respuesta fue:
– Porque el médico me dijo que estoy gordo.
En ese momento sentí una rabia indescriptible. Pero también entendí que era mi oportunidad de enseñarle algo diferente: que su valor no está definido por su cuerpo ni por la opinión de otros.
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ToggleLos mensajes que recibimos en la infancia
Lo que más me enfadó fue recordar una situación similar que viví a los 12 años. Un médico le dijo a mi madre que estaba pasada de peso y me envió a un dietista. En cada cita, si no lograba bajar de peso, me gritaba y yo me sentía humillada. Ese miedo quedó grabado en mí durante años. La balanza determinaba mi humor cada mañana. Aunque con el tiempo aprendí a gestionarlo mejor, esas heridas de la infancia permanecen.
¿Has tenido alguna vez la sensación de que todo lo que haces no es suficiente? Ya sea como madre, como profesional o simplemente como mujer, muchas veces cargamos con expectativas imposibles de cumplir, impuestas por otros o incluso por nosotras mismas.
¿De dónde viene la creencia de "nunca es suficiente"?
Esta creencia suele originarse en la infancia. Los mensajes que recibimos de figuras de autoridad (padres, maestros, médicos) tienen un peso enorme. Palabras como «no estás haciendo suficiente» o «tienes que ser mejor» pueden convertirse en un patrón mental que nos acompaña toda la vida. Comenzamos a juzgarnos de manera constante, buscando validación externa y sintiendo que siempre debemos mejorar, incluso cuando ya estamos dando lo mejor de nosotras.
En mi caso, esta creencia se activó ese día en el consultorio. Me pregunté si el médico tenía razón, si no estaba haciendo lo suficientemente bien mi papel como madre. Pero he aprendido que estas emociones, aunque incómodas, son mensajes. Nos invitan a reflexionar, a escuchar lo que necesitamos y a cuidar de nosotras mismas.
Cómo trabajar esta creencia
Es posible liberarse de la presión de ser «suficientes» al cambiar la forma en que hablamos con nosotras mismas. Aquí te dejo algunos tipps que me han ayudado:
- Reconoce la creencia: Identifica las situaciones en las que te sientes insuficiente. ¿Qué pensamientos concretos aparecen?
- Cuestiona esos pensamientos: Pregúntate si esas expectativas son realistas y si son creencias de otras personas.
- Redefine el éxito para ti: El éxito no es ser perfecta en todo. A veces, es simplemente haberlo intentado.
- Busca apoyo: Trabaja este tema con un coach o un terapeuta. Además hablar con otras mujeres que comparten estas experiencias puede ser liberador. En mi comunidad HispaMamis en Alemania, muchas hemos encontrado fuerza en la empatía y el apoyo mutuo.
Atrévete a soltar la creencia
Si alguna vez has sentido que no eres lo suficientemente buena, quiero recordarte algo: Eres suficiente, justo como eres. A veces solo necesitamos un espacio para reconectar con esa verdad.
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