Reinvencion profesional

Mi historia de cambio profesional en el extranjero

La historia de reinvención profesional y personal de Maricel es, sin exagerar, la historia más impactante que he publicado hasta el momento en el blog.

Por esta vez me saltaré su presentación porque quiero que pases directamente a leer el testimonio de una mujer que, a pesar de las situaciones adversas que le ha tocado vivir, durante los últimos 13 años no ha parado de reinventarse a nivel personal y profesional en el extranjero.

Nombre: Maricel Ramírez

País de origen: Chile

País de residencia: Alemania

Ocupación: Secretaria Ejecutiva Bilingüe (Español & Inglés). Actualmente formándome de Educadora preescolar

Tiempo de residencia en el extranjero: 13 años

Mi nombre es Maricel Ramírez, soy chilena, emigré hace 13 años de mi país, siguiendo mis sueños, novio alemán en ese tiempo y ahora mi marido desde hace 11 años. Actualmente, vivimos en Alemania hace 5 años junto a nuestro hijo de 5.

Desde que tenía 13 años sentía una pasión por conocer el mundo y viajar. Trataba de imaginarme cómo lograrlo sin ser millonaria y pensaba que debería haber una opción de trabajar y viajar a la vez.

Al terminar la secundaria, dejé los planes un poco de lado y estudié por 3 años lo que era mi pasión en ese momento “Actuación teatral”, junto con aprender el oficio de Bar ténder profesional para poder pagar mis estudios y mi vida, ya que me fui a los 18 años de casa por mi propia decisión.

Luego de 5 años, decidí estudiar nuevamente, pensé en una formación que me permitiera un futuro más estable, que no me tomara más de un par años y que pudiera hablar otro idioma, así decidí formarme de Secretaria Bilingüe (Inglés & español), ya que me había dado cuenta que en mi país no podría sobrevivir del teatro.

Así llegué a Brasil por un año, donde hice mi práctica, ya que mi novio había sido trasladado ahí por un proyecto.  Fue una práctica diferente, tuve que aprender a comunicarme en el día a día en portugués, ayudaba en muchas cosas de traducción y también terminé en los campos de mangos recibiendo a los visitantes extranjeros de la empresa que se dedicaban a la investigación agropecuaria.

Haber tenido la experiencia de vivir en el Brasil, no turístico, pobre y que no se caracterizaba por su belleza, me enriqueció mucho como persona. Era mi primera experiencia de vivir en el extranjero. Tuve que acostumbrarme a otro estilo diferente de vida, otro idioma y convivir con experiencias de mucho valor.

El haber acompañado a mi esposo a sus proyectos para tratar de ayudar a pueblos extremadamente pobres, con capacitaciones agrarias para optar a una mejor calidad de vida, me enseñó a ver la vida con otros ojos y a ser más agradecida con lo que nos toca.

En esos momentos a mi me tocaba hacerme cargo de los niños de las familias, lo cual hacía con mucho gusto.

Al terminar nuestro tiempo en Brasil, volvimos a Chile y encontré un trabajo de oficina relativamente bien pagado. Mi novio tenía casi un nuevo puesto para seguir por unos 4 años más en Chile, todo se veía bien hasta que las cosas cambiaron de rumbo, surgieron imprevistos y tuvo que abandonar la oferta. 

Ahí surgió la pregunta “Qué haremos ahora?”. Él se quedó un año intentando conseguir otra cosa, ya sea en Chile o en otro lugar en el que me decidiera a seguirlo. Aparecieron algunas opciones, todas en lugares extremos. Estuve dispuesta a seguirlo, sin hacerme muchas preguntas, aunque a veces me invadía  el miedo.

Finalmente, tomamos la decisión de ir a Lesoto, un país desconocido, no había mucha información en internet, y el gobierno Alemán enviaba organizaciones de desarrollo para ayudar al país.  

Me decidí a seguirlo y pensamos que África podría ser interesante y para mí una locura. Él viajó a Alemania a una capacitación cultural y decidimos que mientrastanto yo me quedaría en Chile en mi trabajo esperando. 

Luego pensé en aprovechar ese tiempo, era mi oportunidad de dejar mi trabajo y hacer algo que siempre había querido y nunca lo había intentado por diferentes motivos. Postularme a trabajar en Cruceros, viajar trabajando 6 meses, conocer parte del mundo y practicar inglés. 

Así, terminé aceptada en el Crucero de Disney, trabajé en el Bar, pude practicar y conocer muchas islas del Caribe, trabajando mucho y con pocas horas de sueño.

Al terminar mi contrato llegué a Sudáfrica a reunirme con mi novio y de ahí viajar a Lesoto, nuestro nuevo hogar. 

Cuando entramos al país, me sentí morir, estaba al medio de la nada, no había casi infraestructura.

Estaba en el África pura y vivíamos en condiciones muy básicas y solitaria. Yo recién bajándome del barco, no asumía nada, pensaba que era una pesadilla.

Fue un gran choque cultural, vivíamos en un pueblo en la montaña medio de la nada, donde pasé a ser como un animal al que todos observaban por verme diferente. Tenía gente que se paraba fuera de mi casa, no podía sentarme en el jardín o se amontonaban a mirarme todo el día.

Nuestro círculo de amigos eran solo 4 cubanos que trabajaban en el hospital, un par de alemanes de la misma organización y un par de norteamericanos.

Me sentía muy triste, caí en depresión, no tenía internet ni teléfono porque se caía la señal. Intenté hacer trabajos voluntarios en un pequeño orfanato pero luego de un par de semanas desistí. No era bienvenida, el trabajo voluntario no era muy apreciado si no llevaba dinero. 

A pesar de todo decidí seguir un tiempo más en Lesoto  por mi novio, actual  esposo, nos casamos ahí en medio de la nada Africana, con los cubanos como testigos y los 2 alemanes.

Para sobrevivir, me dediqué a leer todo libro que se cruzara en mi camino, a acompañar a los doctores a ratos en el hospital, a hacer manualidades y a escribir mi vida cotidiana.

Como no podía comunicarme con mi familia y amigos, escribía cada día un poco acerca de los acontecimientos de mi vida africana, luego los convertía en historia y les enviaba un gran correo electrónico de unas 4 hojas cada 3 meses cuando íbamos a la ciudad o a Sudáfrica. Al parecer los disfrutaban y me pedían seguir escribiendo, para mí fue como hacer terapia.

La experiencia fue una de las más duras de mi vida. Vivíamos rodeados de muertes ya que había un gran porcentaje de sida y donde la esperanza de vida era de 28 años.

Si me preguntan si logré adaptarme, puedo decir hasta ahora que nunca. Era una cultura extremadamente difícil y tampoco un lugar para quedarse.

Simplemente me resigné a vivir mi experiencia y a tratar de buscar una respuesta de por qué me tocaba vivirla, así estuve por casi 2 años, hasta que conversamos y nos dimos cuenta que ya no podía más, me estaba secando interiormente, sin trabajo, independencia y en un lugar donde nunca podría hacer nada. No era capaz de quedarme un año más.

Por lo tanto, decidimos que sería mejor para mi salir de ahí por un tiempo. Así postulé a una visa de trabajo en USA, me la dieron por 3 años y me fui a realizar trabajos temporarios. Partí en un centro de Ski, en un lugar muy bonito y el siguiente lo conseguí en Arizona por unas reservas cerca del Grand Cañón. 

Allí volví a renacer, estaba muy ocupada con mis trabajos nuevos en diferentes hoteles y reservas que me ayudaban a no sufrir tanto la distancia con mi esposo.

Después de 11 meses volví a Lesoto a terminar el medio año que quedaba, los que afortunadamente se convirtieron en solo 3 meses ya que mi esposo recibió una oferta de la misma organización para ir a Sudáfrica antes del término de su contrato.

No me motivaba mucho seguir en África, quería escapar, aunque Sudáfrica como país era algo completamente diferente a lo que estábamos viviendo. Después de largas conversaciones, decidimos tomar el riesgo y nos fuimos.

Llegamos a Port Elizabeth, una ciudad no muy grande, pero que tenía de todo y también mar. Fue una decisión muy acertada, era muy bonito y las cosas pintaban diferentes, no puedo decir que partió todo muy fácil y color de rosas, pero al momento de irnos adaptando y conociendo el lugar, nos entusiasmábamos cada vez más.

El ya saber e inglés lo hacía todo más fácil, conocimos amigos maravillosos de una pequeña comunidad latina, que nos recibieron muy bien y nos hicieron  mucho más fácil el camino de la integración.

Y cuando ya no tenía muchas esperanzas de conseguir un trabajo, apareció uno. Me llamaron de un colegio privado para enseñar español a 2 niños alemanes. Me sentía útil, estaba contenta, me gustaba mucho el trabajo y decidí que quería seguir con eso e hice una formación de profesora de español para extranjeros.

Trabajaba en 3 colegios, teniendo la suerte de siempre ser recomendada y solicitada. Me enamoró trabajar con niños.

En Sudáfrica nació mi hijo, mi pasión por trabajar con los pequeños y  por el deporte, hasta me volví corredora aficionada.

Ahí estuvimos durante 4 años, hasta que llegó el momento de partir, no fue fácil dejar Sudáfrica, la sentía como mi segundo hogar, aunque ya  sabíamos que era necesario.

Así llegamos hace 5 años a Alemania, el país de mi esposo, para comenzar desde cero una vez más. Mi esposo iniciaba la búsqueda de un nuevo trabajo y yo llena de miedos con mi hijo de 6 meses y sin entender más que los buenos días en alemán.

A los 2 meses de haber llegado logré comenzar el curso de integración y a los 7 meses logré sacar el certificado B1 de alemán. Nos mudamos a Mannheim nuestra actual ciudad, después de haber vivido casi un año cerca de Berlín, aquí comenzaba el nuevo trabajo de mi esposo.

Me quedé medio año en casa hasta conseguir un kínder (guardería) para mi hijo y así poder continuar con el alemán que ya tenía casi olvidado. Saqué el certificado B2, y decidí postular a una formación para ser educadora Preescolar y poder continuar en un futuro trabajando con los niños. Ya que en Alemania sin certificados y sin el idioma no se consigue nada.

La experiencia aquí, como muchas saben no es fácil, partiendo por el idioma que es muy difícil, la oportunidades no son regaladas y la cultura no es muy cálida.

Finalmente fui aceptada en la escuela de formación (para ser educadora Preescolar) y estoy luchando hace 2 años ahí, tratando de pasar exámenes como sea, es una experiencia muy difícil y frustrante.  Cuando comencé con la escuela, llevaba aquí, solo 2 años y medio, tenía un nivel de alemán B2, pero al estar ahí me di cuenta que el nivel que tenía no era para nada suficiente.

Se convirtió en una relación amor-odio. Vivo sometida al estrés, pero sigo pensando en lograrlo y pasar los exámenes estales para ser reconocida en Alemania.

Por ahora tengo la suerte de realizar un trabajo con niños, lo que me mantiene motivada, a pesar de siempre andar muy cansada. Luego de mis prácticas en un kínder internacional me ofrecieron trabajo como asistente de niños, ayudando a la Erzieherin (maestra) estoy ahí hace poco más de un año y me gusta mucho mi trabajo.

A pesar de terminar muy agotada, siento que no quiero dejar de trabajar con pequeños, son los mejores jefes que he tenido en mi vida y de una sinceridad incomparable, me siento muy querida por ellos y eso me hace muy feliz.

Para compaginar el estrés de mi vida aquí, les cuento que sin el gran apoyo de mi esposo no sería posible, me ayuda mucho con nuestro hijo, duermo poco y sigo corriendo por las calles y bosques para recuperar el equilibrio cuando me siento perdida y agotada.

No sé cuanto durará mi vida alemana, quizás va para largo. En estos momentos, hay algo muy importante a nuestro lado, por eso no estamos dispuestos a ir a cualquier lugar. Tenemos la gran misión de ser papás y tratar de entregar lo mejor de nosotros a nuestro hijo para que sea una persona buena y feliz.

Por mi parte,  espero poder lograr mi objetivo por el cual sigo luchando y ojalá sin olvidarme de respirar.

Siento haber escribir tanto, me cuesta resumir después de pasar por tantos lugares, no puedo hablar solo de uno porque todos ellos me han formado y transformado como persona.

A quien esté leyendo mi historia, le deseo la mejor de las suertes, le envío muchos ánimos. No es fácil vivir en el extranjero pero a veces podemos aguantar mucho más de lo que pensamos.

Si me preguntaran si pudiera retroceder el tiempo y volver a decidir emigrar, lo haría mil veces!!

¿Qué te ha parecido la historia de Maricel?

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2 comentarios

  1. Avatar
    Lien
    30 octubre, 2018

    Me encantó la historia nómada y las peripecias que vivió.

    Responder
  2. Avatar
    Cristina Muratori
    4 noviembre, 2018

    ¿Qué me ha parecido su historia? ¡Inspiradora! Una prueba de la gran capacidad de adaptación que tenemos y que solemos olvidar 🙃. Maricel es de esas personas con las que sería enriquecedor charlar compartiendo un té. Su relato demuestra que lo importante no son las circunstancias externas, sino cómo las interpretamos y decidimos vivirlas… Gracias a amabas 💞

    Responder

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